El concepto de agilidad nació hacia 2001 con la aparición del Manifiesto Ágil y, en sus orígenes, buscaba cambiar la forma en que trabajaban los equipos de desarrollo de software. Si bien produjo impactos notables en términos de valor agregado, autoorganización y más resultados con el mismo esfuerzo, quedó conminado a esas áreas.

Por eso, en 2012 se redobló la apuesta con el concepto de business agility. La idea consistía en implementar esas mismas prácticas ágiles pero escaladas al resto de la organización. La fricción estuvo a la orden del día desde un primer momento, ya que se trató de “traducir” la agilidad clásica sin tener en cuenta otros aspectos.

Casi una década después, según datos del Business Agility Report 2021, la madurez alcanzada es de solo 4,9%, con un incremento apenas marginal de año a año (en 2020 había sido de 4,8). ¿A qué se debe esta ralentización? A las restricciones que presenta el modelo.

El ser humano y los cambios exponenciales

Los seres humanos no están preparados para los cambios exponenciales. Para derribar el techo alcanzado por el modelo de business agility nació un framework que promueve una evolución y que incorpora conocimientos de la psicología social, la neurociencia y las ciencias del comportamiento.

M Leadership Framework, de Entreprise Agility University (EAU), busca pensar el cambio no como un proyecto, sino como una disciplina. Habilita a los individuos a construir organizaciones que estén siempre listas, adaptativas y con capacidad de innovar a través de prácticas, mentalidades y comportamientos.

La “M” es de “movilizar”: Ante una disrupción que requiera una adaptación muy grande, la gente suele congelarse. Este framework, precisamente, busca evitar esa paralización con soluciones para que las personas estén siempre listas, independientemente de cuán disruptivo resulte el contexto.

Este marco, complementario de otros, incorpora conceptos de neurociencia, psicología, datos empíricos, teorías organizacionales y ciencias del comportamiento. Asimismo, brinda claridad sobre qué se busca lograr y técnicas específicas de ejecución.

Valor por tres

El framework M propone una entrega de valor a tres niveles: el primero es el cliente, por supuesto. De hecho, abraza el concepto de customer centricity.

El segundo incluye a todos los stakeholders de la empresa en todos los ejes. Desde la rentabilidad hasta el impacto social y medioambiental, pasando por la confiabilidad y la reputación de la organización.

El tercer eje de entrega de valor es la fuerza laboral. Sin bienestar y salud organizacional, la agilidad a escala empresarial no es posible.

La importancia de certificar

Las certificaciones en EAU permiten que los mandos medios puedan formarse para saber gestionar en entornos como el que vivimos. Quien las atraviese con éxito, será un Certified Change Consultant.

Practia se convirtió en el primer training partner argentino y en uno de los pioneros de Latinoamérica en establecer una alianza con la EAU. Ofrece cursos de certificación, que incluye un programa de liderazgo y el framework, estructurados en cinco clases de tres horas, con derecho a examen y material offline.

La velocidad a la que se están produciendo los cambios nos habla con claridad: el tiempo de incorporar agilidad, resiliencia y flexibilidad en el total de la organización es ahora.

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