Los socios de Practia brindaron una charla en la que pormenorizaron las tendencias de innovación que se aceleraron como consecuencia de la COVID-19 y analizaron las tecnologías que hay que tener en cuenta para emerger saludables de la pandemia.

​”No hay una bala de plata: es necesario estudiar las soluciones disponibles y la solución de cada organización”. José Jiménez, uno de los socios de Practia, abrió la charla “Soluciones tecnológicas para hacer frente a esta crisis sanitaria”, brindada en el marco de las Practia Talks, con una suerte de conclusión: la magia no está disponible. Ernesto Kiszkurno, también socio de Practia y participante de la conferencia, se detuvo a analizar tres grandes tendencias que la pandemia aceleró, con sus obstáculos y oportunidades.

“La primera es el trabajo remoto: de un día para el otro, muchísima gente trabaja desde sus casas”, señaló Kiszkurno. En este sentido, uno de los puntos de dolor es la contención. “Necesitamos saber dónde y cómo están los empleados, evaluar cómo podemos enterarnos de sus emociones y necesidades así como de verificar la productividad, hacer que la gente viva una situación lo más parecida posible a la normalidad”, explicó Kiszkurno. Otros desafíos son asegurar las herramientas de trabajo (“muchas empresas están todavía adquiriendo notebooks para su personal”, recordó Jiménez), establecer mecanismos de capacitación a distancia y producir el cambio cultural. La buena noticia: “se conocen buenas prácticas de trabajo remoto y se sabe cómo hacerlo”, expresó Kiszkurno.  Otro problema es la comunicación: se multiplicaron los canales y las fuentes de información y se complicaron hasta situaciones sencillas como la entrega del recibo de sueldo.

Las oportunidades no son menores. “Muchas empresas están poniendo sus plataformas de manera gratuita mientras dure la emergencia, por lo que es una gran chance para probar cuál es la que mejor se acomoda a la empresa”, apuntó Kiszkurno. También es un gran momento para consolidar que ciertas funciones se realicen a distancia, como el soporte técnico o las acciones de recursos humanos relacionadas con el manejo de crisis. “Probablemente, cuando esto haya pasado, esas funciones puedan conservarse en su modalidad remota”, aportó Jiménez.

La segunda tendencia acelerada es la necesidad imperiosa de digitalizar. Aquí, los expertos identificaron cuatro áreas de dolor. El primero, la enorme cantidad de procesos con pasos físicos y manuales que hay que transformar, desde la firma de un contrato hasta la liquidación de gastos. El segundo, la infraestructura. ¿Está preparada la organización para el salto hacia el trabajo remoto? ¿Qué tan accesibles están los centros de datos, las herramientas y los repositorios de archivos? ¿Todos los empleados gozan de buena conectividad? En caso negativo: ¿Cuáles cumplen funciones esenciales y deberían tener los mejores niveles de calidad en ese sentido? El tercer punto de dolor tiene que ver con el control y el compliance: firmas de contratos, sistemas de seguridad, entrega de documentos a clientes y proveedores, medios de pago y de cobro…  “Desgraciadamente, en un contexto así hay que relajar un poco para poder seguir operando”, señaló Kiszkurno. El cuarto punto de dolor son los ingresos: algunas industrias, como la automotriz, están completamente paradas por las medidas restrictivas relacionadas con el coronavirus.

Las oportunidades están a la orden del día: van desde lograr un catch up tecnológico, aprovechando que se trata de una época de menores niveles de burocracia interna, hasta lograr la simplificación, digitalización y automatización de procesos. “No queda otra: hay que ejecutarlos igual, aunque la oficina no abra, por lo que es imprescindible reimaginarlos sin los pasos físicos, tal vez de una manera que puedan sostenerse en la nueva normalidad que nos espera al final del camino”, explicó Kiszkurno.

La tercera tendencia que aceleró la COVID-19 es la práctica de datos. Aquí es necesario un acceso en tiempo y forma a datos de calidad (“un informe de cashflow que demora quince días no sirve: se necesita la información al día para tomar decisiones ágiles”, expresó Kiszkurno) y eliminar las fuentes múltiples de datos y los silos con “propietarios”. Toda la información debe estar pública y accesible para quien la necesite. Un tercer dolor es el modelado de escenarios: dado el dinamismo que tiene esta situación, no se puede seguir con el viejo esquema, lento y costoso. ¿Las oportunidades en este terreno? Incrementar los niveles de “alfabetización” de la organización en términos de datos y análisis y democratizar y unificar las fuentes de información. “No todas las organizaciones tienen cultura de datos y muchas veces las decisiones más importantes se cocinan dentro de muchos Excel”, ejemplificó Kiszkurno.

“Las empresas que habían avanzado sobre estas tendencias antes de la crisis hoy tienen un mejor desempeño”, aportó Jiménez.

Ambos socios, además, destacaron las cinco tecnologías clave que pueden ayudar en esta transición:

1. La nube como concepto. “Los que ya migraron hoy tienen menos dolores de cabeza operativos y más o menos todos coincidimos en que ya no conviene una infraestructura física propia”, señaló Jiménez. La nube facilita el trabajo remoto, permite ampliar plataformas y canales, simplifica el acceso de los empleados a las aplicaciones corporativas y produce una mayor integración a lo largo de toda la cadena de valor. “Ir a la nube es algo muy grande: en este momento, conviene analizar los casos de uso y entender cuáles son significativos para migrar en este momento de crisis: ese 20% de casos de uso que me aportan el 80% de los beneficios”, detalló Kiszkurno.

2. Automatización robótica de procesos (RPA). Minimiza la intervención humana, algo esencial en épocas de restricción de movilidad. Permite atender en el corto plazo la sobrecarga que sufren algunas áreas (atención de pedidos en servicios esenciales, pago a proveedores, consolidación de facturas). “Se implementa rápido y tiene un ROI también veloz si se eligen bien los procesos”, ejemplificó Jiménez.

3. Herramientas de colaboración. “Hoy somos todos especialistas: aprendimos lo que es el blur y cómo borrar el contexto de nuestra videoconferencia o cómo mutear el canal para bajar la hiperactividad de estos primeros días”, bromeó Jiménez. “Es crucial avanzar sobre este tema: es algo en que la crisis nos puede ayudar para romper las barreras que hay en la gente para usar herramientas nuevas, porque en este contexto no tenemos alternativa”, agregó Kiszkurno.

4. Plataformas de datos centralizadas y con canales únicos de difusión de información. “Responde a la necesidad de inmediatez, a tener la información ya y no dentro de unos días”, explicó Jiménez. “Estas prácticas, no obstante, se entrenan, no se adquieren de un día para el otro”, agregó Kiszkurno.

5. Soluciones como servicio (Saas). En el corto plazo, con el foco no tan puesto en el ERP o el CRM, sino en herramientas accesorias basadas en la nube para acelerar procesos: entrega y firma de recibos de sueldos, sistemas de atención al cliente, chatbots de liquidación de tickets… “Son soluciones que resultan muy significativas y marcan un diferencial”, enfatizó Jiménez.

Más allá de las cuestiones tecnológicas, Kiszkurno cerró con un llamado a poner el foco en “el lado más humano, para trabajar sobre esas preocupaciones que nos afectan a todos, y cuidar lo más importante: nuestra gente y la comunidad”.

Practia Talks es una serie de conferencias gratuitas en formato de webinar de aproximadamente una hora cada una, sobre temáticas de interés para los líderes. Es parte de las propuestas de difusión del conocimiento de Practia en tiempos de pandemia, que incluyen también la disponibilidad entre marzo y mayo del programa Practia Academy, con charlas sin costo sobre nuevas tecnologías, iniciativa que sumó más de 1.000 inscriptos.