En épocas de altos niveles de incertidumbre, el consultor Gastón Morales compartió en su conferencia algunas estrategias para mantener al cerebro jugando a nuestro favor.

​La COVID-19 produjo cambios más que bruscos en nuestras vidas: en cómo socializamos, en cómo trabajamos, en cómo nos movemos. En este contexto, los niveles de estrés e incertidumbre suben hasta las nubes. Gastón Morales, consultor en neurociencias y director académico del programa de esa especialidad para líderes en la Universidad de San Andrés, brindó en el marco de Practia Talks su charla “Neurociencias aplicadas al bienestar y la productividad”, con estrategias específicas para hacer que el cerebro nos juegue a favor en una época tan difícil.

“La incertidumbre provoca una especie de sábano corta en los recursos energéticos del cerebro: si interpreta la situación como una amenaza, activa la parte más primitiva, la límbica, encargada de las emociones, y resta uso de la parte racional”, resaltó Morales, para quien el cerebro es “energéticamente eficiente, lo que lo hace vago”. El especialista aseguró que de los 65.000 pensamientos diarios que tiene un ser humano, la enorme mayoría se repiten del día anterior y volverán a reiterarse al siguiente. “La costumbre de guardar energía –en forma de glucosa más oxígeno- viene de hace miles de años, de cuando escuchábamos un rugido y el cerebro necesitaba esa reserva para enviar información rápido a los músculos y que estos se tensen para pelear o salir corriendo”, graficó.

Esos pensamientos repetitivos reciben el nombre de patrones dominantes y pueden ser tanto positivos como negativos. “Pero hay una palabra esperanzadora, que nos impide definirnos como seres estáticos y justificarnos diciendo ‘yo soy así’: neuroplasticidad”, definió Morales. Se trata de la capacidad del cerebro para construir nuevas rutas a partir de nuevas experiencias, nuevos conocimientos y nuevas emociones. “Toda persona, si se lo propone, puede ser escultor de su cerebro”, citó Morales a Santiago Ramón y Cajal, padre de la neurociencia moderna. “La clave de esa frase es ‘si se lo propone’: en la rotura de patrones mentales existe una relación directa con la actitud, las ganas, la determinación y la resiliencia”, agregó.

Para Morales, no se puede hablar de bienestar si no se conoce a su enemigo público número uno: el estrés negativo o distrés. El experto citó un estudio realizado en Canadá hace más de una década que detectó los cinco principales focos de estrés de las personas: lo nuevo (un cambio de trabajo, de colegio, de jefe, de casa), lo impredecible (pinchar una goma de regreso de vacaciones), lo que provoca sensación de falta de control, lo amenazante (no necesariamente de vida o muerte) y lo complejo (todo aquello cuya resolución supera los capitales disponibles para lidiar con ella). “Para que algo sea estresante basta que se cumpla una de estas condiciones, así que imaginemos esta situación del coronavirus, que califica en todas”, analizó Morales.

“Hace 20.000 años, pelear con un mamut era una amenaza con un pico muy intenso pero de corta duración y luego seguía un largo período de recuperación, mientras que hoy no hay estrés agudo, sino crónico: estamos siempre en alerta: cuando escuchamos las noticias, cuando se dispara el dólar, cuando nuestro hijo que salió aún no llega”, explicó luego el neurocientífico. Así, mientras el primer tipo de estrés libera adrenalina, el segundo, el relacionado con estar continuamente en guardia, produce cortisol, una sustancia muy dañina que lleva al envejecimiento prematuro del cerebro y nos deja vulnerables ante las enfermedades.

¿Qué hacer para lidiar con el estrés? Morales afirma que las neurociencias detectaron siete actividades fundamentales para mantener el cerebro sano, vital y con un alto nivel de energía. Consiste en dedicar tiempo a:

– Focalizar. Leer un libro, hacer una manualidad, pintar un cuadro… Cualquier tarea que pongan todos los sentidos en un mismo lugar facilita las conexiones profundas del cerebro.

– Relacionarse socialmente. En estos días de distanciamiento, es importante generar dos espacios “religiosos” de vínculos nutritivos activa el circuito relacional.

– Jugar. “Ahora no hay excusas”, bromeó Morales. Crea nuevas relaciones neurales.

– No hacer. Ver la nubes o escuchar el viento ayuda a que el cerebro se recargue y trabaje mejor.

– Hacer introspección. Bucear hacia nuestro interior, analizar quiénes somos versus quiénes queríamos ser. Activa las conexiones profundas.

– Dormir. El sueño recupera la energía y sella el aprendizaje.

– Hacer actividad aeróbica. Cualquiera que aumente la frecuencia cardiaca por encima de la de reposo sirve.

Otra forma de combatir el daño que produce el cortisol es generando oxitocina. “Algunas actividades son enormes emisoras de oxitocina, entre ellas recibir masajes, escuchar música, expresarse (cantar aunque lo hagas mal, en todo caso los otros producirán cortisol cuando te escuchen), pasar tiempo con mascotas, hacer relajación, yoga, meditación o mindfulness, dar o recibir reconocimiento, el buen humor (es fundamental tener alguien de nuestro entorno que nos haga reír) o efectuar actividades altruistas”, enumeró Morales.

El especialista también dejó recomendaciones para aumentar la productividad en este escenario tan complejo y desafiante:

– Intercalar tareas para que el cerebro se “divierta”. “Luego de una presentación de alto impacto, escuchamos un poco de música… Así aumentamos la capacidad atencional”, explicó Morales.

– Diseñar y producir el día. “Definimos dos metas a cumplir en la primera parte del día y dos para el final: las neurociencias demostraron que más de cuatro temas importantes en un día abruman”, agregó.

– Aprovechar las primeras horas. “El cerebro se carga cuando uno duerme, come o hace actividad física: al levantarse y desayunar ya se cumplen al menos dos de esas condiciones”, indicó. “Además, si se ataca lo más difícil al principio del día se saca un quemador para el cerebro que es la sensación de que eso está pendiente”, agregó.

– Evitar el multitasking. “No nos hace más productivos: las interrupciones nos llevan al doble de equivocaciones y al triple de desconexión, así que conviene concentrarse en un tema y, al terminar, seguir con otro”, añadió Morales.

– Definir mini metas y festejar mini logros. “Premiar el esfuerzo del cerebro libera dopamina que genera mucho placer al salir y motiva a repetir la experiencia”, aseguró el neurocientífico.

– Dar importancia a las pequeñas pausas, con 5 minutos de descanso cada 25 de trabajo o 10 minutos luego de un shock de 50. Se recomienda en medio alguna actividad física o comer nuez, manzana, banana o zanahoria. La interrupción no puede ser cognitiva: no sirve seguir pensando en el mail sin responder.

– Destinar una parte del día a resolver el chiquitaje. “Para achicar la lista de pendientes”, indicó.

– Minimizar distracciones. “Una persona concentrada a la que le golpean el hombro tarda entre 25 y 35 minutos en recuperar la profundidad cognitiva que traía”, afirmó Morales.

– Ordenar el área de trabajo y evitar las pilas de papeles.

– Tener snacks saludables a mano y beber agua con mucha frecuencia.

“Hay que mantener una actitud siempre positiva: sin eso no se puede hablar de bienestar ni de productividad”, cerró Morales. “Es la era de los líderes surfers, de los que ven el tsunami y en lugar de quejarse o cruzarse de brazos sacan la tabla y tratan de convertirlo en la ola de sus vidas”, concluyó.

Practia Talks es una serie de conferencias gratuitas en formato de webinar de aproximadamente una hora cada una, sobre temáticas de interés para los líderes. Es parte de las propuestas de difusión del conocimiento de Practia en tiempos de pandemia, que incluyen también la disponibilidad entre marzo y mayo del programa Practia Academy, con charlas sin costo sobre nuevas tecnologías, iniciativa que sumó más de 1.000 inscriptos.