El Hot Sale de mayo 2017 en Argentina fue récord en ventas, facturó más de $ 3.400 millones, y fue noticia porque por 4to año consecutivo los usuarios pudieron vivir la experiencia de que los sitios colapsaran ante tanta demanda. ¿Qué pasará esta vez?

En los primeros minutos del lunes 15 de mayo comenzó la última edición del Hot Sale. Duró tres días, superó las expectativas del sector y presentó una facturación récord de $ 3.446 millones. Pero también batió otra marca: nuevamente, el Hot Sale experimentó diferentes dificultades y registró una gran cantidad de reclamos.

Las promociones online son una idea genial y un problema. Son geniales por la expectativa que generan. Sólo en términos de negocio, el Hot Sale registró casi 1,2 millones de órdenes de compra, según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE). Pero resultan también un problema por la sobrecarga que generan en los distintos sistemas transaccionales encargados de operativizar las compras.

El contexto actual de comercio electrónico viene creciendo en volumen a ratios increíbles (rondan el 50% en ARG según CACE) pero también en complejidad. Los sistemas ya no son de una única empresa por lo que tampoco se tiene un control estricto de todo el proceso.

Dicho todo esto hay dos buenas noticias. La primera es que cada vez hay más conciencia de que el problema es de negocio. Por una parte, en la mayoría de los casos es posible hacer una cuenta clara del dinero perdido por la caída de los sistemas y por otro lado, es que desde el punto de vista del desarrollo del software se apunta cada vez más a soluciones de testing e integración continua bajo la órbita de lo que se conoce como DevOps (conjunción entre developement & operations).

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Hoy está claro que, además de hacer las cosas más rápido, también hay que empezar antes a probar y hacerlo en forma continua. Debemos entrenar nuestros procesos para que un evento como el CyberMonday sea algo común y mecánico, algo de todos los días. Debemos además montar una infraestructura elástica que nos permita escalar pruebas hasta los niveles requeridos sin que por ello debamos salir corriendo a comprar hardware (la nube aquí es un aliado indispensable). En definitiva debemos girar más rápidamente sobre el círculo que nos plantea DevOps.

Para lograr este tipo de “gimnasia” es clave establecer el diálogo entre el negocio, operaciones, desarrollo y calidad, involucrando además a todos los partners de negocio relacionados con el proceso (recordar que la cadena se rompe por el eslabón más débil). Se busca de esta manera identificar los problemas tempranamente, darles una solución integral y hacer todo esto sin la presión de tener el día D cerca.

Según el último World Quality Report,  un informe global sobre el estado de las actividades de aseguramiento de la calidad y testing, el nivel de penetración de las pruebas automáticas es del 20%. Esto quiere decir que hay mucho espacio para la mejora y que con poco podemos disminuir notablemente los riesgos asociados a estos picos de uso de nuestros sistemas.

La mala noticia es que el proceso de transformación digital no va a bajar su velocidad y será cada vez más necesario tener capacidades de prueba automáticas e inteligentes (Smart Testing) que se ajusten a distintos escenarios de negocio con mínimos cambios. Esto se ve claro, cuando en el mismo informe, se establece que la principal preocupación de las empresas es la calidad del producto o el software.

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