La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar

Eduardo Galeano.

Muchas cosas cambiaron en estos últimos veintiséis años.

En 1995 la globalización era una gran promesa. Internet, un experimento que muy pocos aprovechaban. La nube, una formación atmosférica que predecía una lluvia. La inteligencia artificial, un sueño apoyado en novelas de ciencia ficción. Los teléfonos, aparatos enchufados a la pared que servían para hacer llamados de voz con otras personas si uno previamente conocía el número que debía discar.

Las empresas que entendimos en ese momento que la tecnología de y con calidad era la base para todo negocio en el futuro -esto no cambió: la premisa continúa siendo la misma- debimos atravesar un largo proceso evangelizador, avanzar proyecto a proyecto puliendo errores y mostrando resultados y desandar un camino principalmente conformado de aprendizaje.

Las tecnologías no dejaron de evolucionar. El poder computacional se multiplicó al infinito (mientras su costo disminuyó en igual proporción). Los soportes de almacenamiento fueron haciéndose más eficientes. Los paradigmas nos trajeron hasta este presente donde cualquier empresa, sin que importe su tamaño, puede acceder a las últimas innovaciones gracias a fenómenos democratizadores como cloud y la movilidad.

Tecnología y evolución

Todos estos cambios nos motivaron a adaptarnos, a entender cuál era la mejor herramienta para capitalizar mejor las oportunidades de cada momento. Y no nos quedamos ahí. Investigamos las tendencias para estar algunos centímetros adelantados y acelerar los beneficios para nuestros clientes. Nada de esto cambió: sigue siendo nuestro principal impulso hoy en día.

Fuimos incorporando términos de acuerdo al mercado y nuestro propio negocio lo exigían: eficiencia, productividad, optimización, innovación, flexibilidad… Todos se fueron agregando. Ninguno reemplazó al anterior, sino que sumó a lo que se venía haciendo para mejorar. Hoy el keyword predominante es “agilidad”.

Los modelos también se modificaron. Primero el foco estaba puesto en el interior de la empresa para luego convertirse en client-centric. Hoy, en un mundo más responsable y empático, todo indica que estamos viajando hacia un plano de mayor calidad: el human-centric.

Hasta nuestro nombre cambió. En esos primeros días en que buceábamos las mejores prácticas mundiales en términos de software -muchas de las cuales ni siquiera eran conocidas en Latinoamérica- era Pragma. Reflejo del pragmatismo con el que pretendíamos vincular nuestra formación tecnológica académica con su aplicación práctica en el mundo de los negocios.

En ese sentido, algo sigue igual. En la actualidad aún consideramos que la mejor tecnología es la que se desarrolla con altos estándares de calidad, resuelve problemas concretos con costos y plazos controlados y, fundamentalmente, se instala y se usa.

Muchas cosas cambiaron en estos últimos veintiséis años. Sin embargo, las esenciales, continúan intactas.