Desarrollo organizacional y transformación: Los inicios

“El objetivo es refrescar la mirada, salir del día a día y desafiar las creencias para reposicionarnos como líderes capaces de desarrollar usos y de tomar decisiones acorde a lo que los nuevos tiempos exigen. En el marco de Practia Talks la referente de change management, desarrollo organizacional y transformación María Lucila Berisso, ofreció la charla “Liderazgo personal y empoderamiento: una mirada del rol del líder en contextos de crisis”. .

La especialista hizo un racconto con una breve historia del liderazgo, comenzando por la era primitiva, cuando predominaba la ley del más fuerte: “luchaban los aspirantes y el que ganaba se quedaba a cargo de la comunidad o la sociedad, un modelo que seguimos viendo en la naturaleza, como ocurre con los leones o los lobos”, detalló Berisso. En la era del hierro, el líder comenzó a ser aquel que era capaz de disciplinar, instruir y amparar a las personas. Los referentes eran, por ejemplo, guerreros y maestros. Ese modelo fue desafiado por la Iglesia y la nobleza, que transmitieron a la sociedad una formación moral y ética. “La religión y las instituciones le permitieron a la humanidad salir de esa época oscura y continuar con su maduración”, explicó Berisso.

La revolución industrial produjo numerosos paradigmas que siguen vigentes. El líder es quien establece el orden, el mecanicismo, las reglas de aprendizaje. El hombre visto como un engranaje en una máquina, el orden atravesando todo: desde el ámbito laboral hasta la familia y los marcos regulatorios. La siguiente etapa es la era de la información y el capital: predomina el libre mercado y el poder está en la posesión de la información, alrededor de la cual se encaraman los nuevos líderes.

Actualmente

Hoy, a pesar de que quedan rastros fuertes de la era industrial y de la era de la información y el capital, aparecen nuevas variables a tener en cuenta para construir liderazgos: las personas están conectadas a la red y más empoderadas, la información está democratizada y socializada, lo que brinda más autonomía, y el fácil acceso a la tecnología y las comunicaciones permite a los seres humanos articular mejor en el mundo en el que se desempeñan”, contó Berisso. Quien agregó el hecho de que la sociedad esté preocupada por el agotamiento de recursos y, por supuesto, la emergencia de la COVID-19, que dejó una visión muy gráfica de cómo el mundo se transforma de manera dinámica.

Berisso citó a Dee Hock, fundador de Visa y autor de El nacimiento de la era caórdica: una teoría que indica que la realidad no es otra cosa que un mix entre orden y caos, términos que no son antagónicos, sino que cada uno de ellos está implícito en el otro. “Todos los organismos de la naturaleza y todos los principios biológicos mezclan ambos de manera armoniosa: se desestabilizan en su interacción con el ambiente pero luego tienen la capacidad de autorregularse, reorganizarse y adaptarse”, aseguró Berisso. ”

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Pero los humanos vivimos amenazados por el cambio, aún cuando el cerebro, según constataron las neurociencias, ama la rutina. En esa resistencia, muchos líderes formatea y desintegra la variable de cambio, la aísla de su análisis, y generan sistemas rígidos en entornos dinámicos, lo que lleva a inevitables desajustes. Los que sean capaces de adaptarse a la nueva lógica serán los que logren mayores chances de sobrevivir. ¿Qué caracteriza un sistema caórdico?

En primer término, la claridad de los principios y los objetivos compartidos y el hecho de que las formas y la función son flexibles. “Es ideal que se desarrolle una visión clara, con creencias, códigos y pautas internalizadas por todos”, indicó Berisso. El trayecto no será sencillo. “Muchas de las veces que proponemos esto en una empresa la respuesta es que lo sienten como una pérdida de tiempo: queda la idea de que el líder decide dónde ir y los seguidores deben caminar detrás casi a ciegas”, enfatizó Berisso.

Otras características del modelo caórdico son que las decisiones son descentralizadas y que cada miembro de un equipo tiene la capacidad de autogobernarse y autoorganizarse. Ya no necesita esperar que una situación escale toda la jerarquía y vuelva a bajar en modo de decisión tomada por otros, sino que cada uno sabe cuál es el camino y cómo llegar a destino. También se disuelven las relaciones de poder –que se distribuye de manera más equitativa, por lo que el líder, anteriormente fuente de poder, debe transformarse-.

Distintos puntos de vista

Se fomentan la diversidad, la complejidad y el cambio, se combinan en armonía cooperación y competencia, los ciclos de aprendizaje, adaptación e innovación son continuos y en expansión y se limitan los métodos de mando y control. “Todo esto favorece el bienestar de las personas”, aportó Berisso.

Las organizaciones caórdicas requieren mucha flexibilidad. Los ejecutivos deben prepararse para liderar en una cultura que se apoya en las relaciones, las conversaciones y los procesos digitales. “Uno de los cambios clave es dejar de pensar en términos de expectativas: las ideas prefijadas bloquean la posibilidad de observar, captar e incorporar lo que ocurre en el mundo”, indicó Berisso. “El líder actual debe estar abierto a los cambios y al aprendizaje permanente y poder integrar todo esa experiencia”, dijo.

“Cada vez que encuestamos a un líder y le preguntamos cuál es su principal responsabilidad, siempre nos responde algo relacionado con sus colaboradores: el desarrollo del equipo, la motivación, el compromiso”, apuntó Berisso. “Sin embargo, el primer desafío es la autogestión: no podemos fluir en este contexto caótico, de cambio, de crisis, para aprender y gestionar emociones si no podemos con nosotros mismos”, comentó la experta.

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En segundo lugar figura la capacidad de liderar hacia arriba. “Para gestionar con creatividad, tomar decisiones convincentes, traccionarlas y lograr compromiso del equipo con determinados valores y creencias es necesario contar con un jefe que nos apoye”, definió Berisso. El tercer punto, es el liderazgo con los pares. “No tenemos poder transformacional sobre ellos, pero son nuestros aliados hacia un esquema colaborativo e integrado”, señaló la especialista.

Recién después de haber gobernado estas tres instancias, el líder debe concentrarse en su equipo. “No necesitamos decir a los colaboradores lo que deben hacer: hoy se orienta desde un rol de servicio, desde la capacidad de reconocer y modificar las condiciones que impiden el desarrollo del trabajo y de la gente, de articular sentido de comunidad, de trabajar con visión de futuro, de recalcular cada vez que haya que barajar de nuevo y, fundamentalmente, de favorecer que todas las personas puedan exponer su talento”, concluyó Berisso, quien cerró su exposición con una frase del escritor británico Oscar Wilde: “Sin orden nada puede existir; sin caos nada puede evolucionar”.