Felipe Pigna: El reconocido historiador participó por segunda vez del ciclo Practia Talks. Reveló detalles de los problemas de salud que padecieron a lo largo de sus vidas Napoleón, Beethoven, San Martín y Belgrano.

¿Pueden los próceres o los músicos icónicos hacer reposo cuando no se sienten bien? Todo indica que es, al menos, muy difícil. Sobre este punto se enfocó la nueva charla del historiador Felipe Pigna en el marco de Practia Talks. “Pacientes impacientes: la conducta de los grandes personajes de la historia”. En la cual puso la lupa sobre cuatro personajes en particular, todos ellos con historias clínicas complejas. Dos extranjeros, Napoleón Bonaparte y Ludwig van Beethoven, y dos argentinos, Manuel Belgrano y José de San Martín.

De Napoleón destacó su fulgurante carrera militar, sus campañas en Egipto y en Europa, su papel clave en la Revolución Francesa y cómo trastocó esa iniciativa antimonárquica hasta construir su propio imperio. “El cuadro más grande del Museo del Louvre muestra el momento en que se corona a sí mismo, en 1804. Con el Papa observando, rompiendo la tradición histórica y dando la señal de que no dependía de nadie más”, contó Felipe Pigna.

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El imperio sigue un ciclo de vida natural: expansión, guerras y, por supuesto, la decadencia a partir de la campaña en Rusia en 1812. Luego de la derrota en Waterloo intenta exiliarse en México, pero las fuerzas inglesas lo envían a un sitio inhóspito en la mitad del Atlántico: Santa Helena, donde pasará sus últimos años hasta su muerte en 1821.

¿Fue envenenado como se supone? “Si bien había varios interesados en asesinarlo, es muy difícil de llegar a la conclusión: en esa época se utilizaba arsénico en dosis bajas en los tratamientos médicos y también en los capilares, que Napoleón llevaba a cabo”, relató Felipe Pigna. “Es posible que la presencia de este veneno en su autopsia sea reflejo de esto. Aunque no se descarta que el gobernador de la isla lo haya envenenado paulatinamente”, agregó. La causa formal de muerte fue un cáncer de hígado, probablemente agravado por una tendencia hacia la mala alimentación y por sus recurrentes problemas nerviosos.

El segundo caso que trató Felipe Pigna fue el de Ludwig van Beethoven: uno de los músicos más notables de la historia. Su infancia fue muy compleja, con un padre que intentó convertirlo, a fuerza de malos tratos, en el nuevo Mozart –al que llegaría a conocer y quien prácticamente le pasaría la posta como el número uno de su época-. Da su primer concierto a los 7 años y a los 11 escribe su primera composición. Admirador de Napoleón, llama a su sinfonía número 3 Bonaparte. Luego se decepciona cuando este se autoproclama emperador, tacha violentamente la dedicatoria y la renombra como La heróica.

El historiador Felipe Pigna  y los grandes personajes de la historia

De carácter rebelde y difícil, los problemas de salud lo acompañan toda la vida: dolor abdominal crónico, pancreatitis, mala digestión, depresión (que se profundizará con la muerte de su madre, con la que sí tenía una buena relación). La afición por el alcohol lo conducen a una cirrosis y una sífilis le produce una serie de consecuencias, entre las cuales destaca la sordera.

Tiene un vínculo muy malo con sus médicos, a los que acusa de no dar en la tecla, los trata de asnos y hasta los castiga en su famoso Testamento de Heiligenstadt, una carta que escribe a sus hermanos. Donde en referencia a su sordera dice: “me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica (cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible)”.

“Intentó todo: desde las cornetas –que se usaban en la época a modo de audífono- hasta tensar las cuerdas del piano o planear sistemas de acústica diferentes”, relató Felipe Pigna. A diferencia de Mozart, que dejó este mundo en soledad y en la miseria, muere en la gloria: a su entierro asisten unas 20.000 personas.

El primer turno para las historias nacionales fue para Manuel Belgrano, de quien se cumplen 250 años de su nacimiento el próximo 3 de junio. “Se recortó su vida a la creación de la bandera, pero está presente en muchos hitos fundamentales”, advirtió Felipe Pigna. Nacido en una familia rica, es uno de los pocos padres fundadores que estudió en España: recibió la medalla de oro en Salamanca y se gradúa en economía y derecho.

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Ya como secretario del consulado del Virreinato del Río de la Plata plantea ideas absolutamente innovadoras en términos de industria, educación popular, género (propone educación igualitaria para hombres y mujeres) y hasta ecología (cuidados de los ríos, nuevos métodos de siembra que aprovechen mejor la tierra sin contaminar). Participa en las Invasiones Inglesas y en la Revolución de Mayo.

Al igual que Beethoven, había contraído sífilis en su paso por España. “Esto le trajo todo tipo de complicaciones, desde derivaciones hepáticas hasta un afinamiento de su voz, lo que le complicó su tarea militar, debido a que daba órdenes de mando”, señaló Pigna. “Independientemente de las dificultades, su carrera es extraordinaria se hace cargo del Ejército del Norte y lidera el Éxodo Jujeño. Una epopeya poco advertida pero de la que hay pocos antecedentes en la historia de la humanidad”, aportó.

En campaña adquiere paludismo, con fiebres muy altas, y es atendido por Joseph Redhead, un médico que probablemente sea escocés pero que declaró ser norteamericano para no alertar a las autoridades. Un hombre de gran vocación de servicio y naturalista.

Sufre un cuadro depresivo relacionado con su frustración por no poder establecer el modelo de país que lo ilusiona. Dona un dinero que recibió como premio por repeler a los españoles para que se construyan cuatro escuelas. Pero el proyecto no se ejecutará durante su vida. Pasa sus últimos meses en Buenos Aires, donde pidió que se le paguen los sueldos adeudados.

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Cuando muere, se le paga al médico con un reloj que le había regalado Carlos III en su paso por Inglaterra y su hermano Luis obtiene de una cómoda el mármol que se utiliza en su lápida. “Su entierro pasó inadvertido porque coincidió con la anarquía de 1820, momento en que hubo por ejemplo tres gobernadores simultáneos en Buenos Aires”, contextualizó Felipe Pigna.

Análisis recientes de su autopsia –que se conserva- revelaron que probablemente Belgrano haya sufrido también Mal de Chagas no diagnosticado, ya que presenta todos los síntomas. De hecho, el propio Sullivan, autor de la autopsia. Dejó una pista en forma poética: “Se corroboró lo que todos suponíamos, que tenía el corazón más grande que lo normal”, contó Felipe Pigna que concluyó el médico.

Por último llegó el turno de San Martín: hijo del capitán del Territorio de las Misiones, a los 5 años viajó a España, a los 11 se unió a la milicia, a los 13 ya había combatido en Orán y Argelia y a los 15 era un capitán condecorado. De ese país trae heridas, pero no del campo de batalla: un asalto cuando llevaba caudales del ejército le dejó marcas para toda la vida en el tórax, en la mano y en el rostro. “Luego se le manifestaría tardíamente el asma y se le sumarían gota, reuma y úlcera”, enumeró Felipe Pigna.

San Martín y personajes históricos

En el combate de San Lorenzo su vida corre un serio riesgo cuando su caballo cae muerto por un balazo y queda atrapado debajo. El episodio, recordado por la heroica participación de Baigorria y Cabral, le dejará dos nuevas heridas: una en una mano y una leve en la cara. En la campaña de los Andes sufre el clima: se reaviva el reuma y otras cuestiones médicas. Es atendido por Juan Zapata, de quien se desconoce si era chileno o peruano, y por el jefe del servicio médico del ejército, Diego Paroissien.

Se dice que San Martín introdujo la homeopatía en la Argentina en 1810. Sufría dolores tremendos para los que no había calmantes y él preparaba sus remedios con un botiquín traído de Londres, objeto que se conserva en el Museo Histórico General San Martín de Mendoza.

Practia Talks y Felipe Pigna

Atraviesa una epidemia de malaria en Perú. Y ya en el exilio en Francia, enferma de cólera al igual que su hija Mercedes en el marco de una pandemia que se cobró un millón de vidas en toda Europa. Los atendió Mariano Balcarce, que había participado del cruce de los Andes. Y “al igual en la historia de Gabriel García Márquez, se produjo el amor en los tiempos del cólera y se casó con Mercedes”, señaló Pigna.

Los problemas de salud de San Martín se profundizaron en Europa: su úlcera mal atendida. Solía tomar mucho café con bombilla, como si fuera mate, infecciones, cuadros de reuma agravados por el clima marítimo de Boulogne Sur Mer. Una catarata progresiva que inició en 1842 y que se convirtió en ceguera total luego de que se la operara, hacia 1848.

Fue longevo para el momento de su fallecimiento, en 1850. Murió rodeado de sus afectos y a pesar de que en su testamento especificó que quería que su cuerpo se trasladase a Buenos Aires, eso no ocurrió hasta 1880.

Las obligaciones de estos cuatro grandes de la historia los convirtieron en malos pacientes. A modo de cierre, Felipe Pigna compartió una respuesta que San Martín dio a Zapata cuando éste le exigía que se cuidara más: “No se preocupe, libero Chile y Perú y me voy directo a la cama”.