Los tiempos en que los datos corporativos se generaban, almacenaban y analizaban dentro de un mismo espacio físico (la oficina) parecen cada vez más lejanos.

La computación distribuida ya había ganado la partida cuando cualquier alto ejecutivo pudo pedir informes críticos en tiempo real desde su teléfono móvil. O cualquier operario logró completar su tarea en campo siguiendo las instrucciones que le llegaban a su tableta.

Pero la pandemia exacerbó esta situación: hoy la red de la empresa se extiende literalmente hasta la casa de cada uno de los colaboradores. Esto genera dificultades con el ancho de banda y compromete la seguridad y la privacidad de datos sensibles.

Si a esto se suma el crecimiento de los dispositivos de internet de las cosas en todas las industrias (Statista estima que habrá nada menos que 30.900 millones de unidades conectadas para 2025) para capturar información en cualquier momento y en cualquier lugar, se entiende que el desafío es enorme.

Procesar donde se produce

Para dar respuesta a esta situación emergió un nuevo paradigma: edge computing o computación de borde, un nuevo paradigma que tiene como principal objetivo llevar las aplicaciones y los datos críticos más cerca del lugar donde deben procesarse.

Se trata de una red abierta y descentralizada de “mini centros de datos” capaces de trabajar con los datos críticos y almacenarlos en la nube. Así, se evitan que esos datos “viajen” hasta los repositorios centrales, busquen las respuestas y los devuelvan al punto de partida.

Desde el punto de vista del negocio, los beneficios van desde una disponibilidad más rápida de los datos (se calcula que la respuesta llega en el orden de los milisegundos) para una mejor toma de decisiones hasta una mejor experiencia desde el punto de vista del usuario, pasando por una menor necesidad de ancho de banda y una mejor distribución de las cargas de trabajo para incrementar las eficiencias.

Sostenibilidad y seguridad

Las ventajas se extienden a otros campos. El hecho de que los datos críticos se trasladen menos también favorece las estrategias de seguridad, ya que se disminuyen los puntos de vulnerabilidad.

Por otra parte, favorece la estrategia de sostenibilidad. Con las herramientas de software de monitoreo adecuadas, las empresas podrán administrar sus recursos de infraestructura de manera más eficiente y apelar a los despliegues edge en ese sentido.

De hecho, IDC prevé que para 2025 el 75% de las organizaciones utilizarán herramientas analíticas para reducir costos de energía y disminuir la huella de carbono de sus instalaciones, incluyendo los despliegues en el borde.

El camino recién inicia. Edge computing recibirá un espaldarazo clave cuando se masifique el despliegue de la tecnología de telecomunicaciones 5G. Ésta se caracteriza precisamente por su baja latencia y permitirá incrementar las aplicaciones y los casos de uso a nivel exponencial.

La conclusión es simple: en el futuro, el poder se ubicará cada vez más en el borde.

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