El conocimiento es poder” -el original en latín, en realidad: scientia potentia est- cuenta la historia que afirmó el filósofo inglés Sir Francis Bacon alrededor del siglo XVI. Qué pensaría si viviera hoy acerca del trabajo colaborativo y las comunidades de práctica.

La pandemia otorga a esta expresión un nuevo nivel. Los equipos colaborativos y el trabajo remoto rompieron las estructuras verticales -y verticalistas- que han dominado las estructuras organizacionales. Hoy no importa la posición que se ocupa, si no de qué manera, desde ese lugar, se puede aportar al propósito de la empresa.

Pero además, hoy el talento prima por sobre la cercanía -no importa dónde vive un colaborador, sino cuánto sabe- y por sobre los sesgos -la edad, la nacionalidad, etc-. El conocimiento gana la batalla e impulsa una mirada diversa e inclusiva, cuyos beneficios recién empezamos a vislumbrar.

El modelo colaborativo de trabajo trae aparejada otra novedad positiva para la innovación, la concreción de resultados y la mejora continua en las empresas. El conocimiento se comparte, se debate, se incrementa con la multiplicidad de aportes.

Entre los elementos que parecen haber caído en la obsolescencia se cuentan las “bajadas” de los líderes omnipotentes y los silos de conocimiento que se perdían cuando el colaborador dejaba la empresa. Los verdaderos equipos ponen sus saberes sobre la mesa. Los nuevos líderes muestran capacidad para hacer del todo algo mucho más grande que la suma de las partes.

El poder de las comunidades de práctica

En Practia, esta nueva visión sobre el conocimiento tiene un nombre:  las COP (community of practices o comunidades de prácticas). Se trata de espacios autoconvocados y autogestionados donde los participantes comparten sus saberes en un área específica. Hoy funcionan ocho: Agilidad, Cloud, UX, Data Science, BI (business intelligence), PM (project management), Procesos y Laboratorio de Experimentación.

No es un ámbito de capacitación formal ni estructurado, con temarios preestablecidos, sino una oportunidad de aprendizaje para derribar la brecha entre teoría y práctica. De hecho, muchos miembros se acercan solo para plantear problemas específicos y buscar una resolución en equipo.

Otro secreto del éxito para estos grupos de conocimiento: la participación es abierta. No hace falta ser gerente del área ni experto en el tema. Es suficiente con la voluntad de compartir y las ganas de aprender. Y dentro de la comunidad todos son pares: nadie la lidera ni la guía.

Si Sir Francis Bacon tuviera acceso a una herramienta como Microsoft Teams y pudiera participar de un evento de COP, probablemente se sentiría orgulloso de lo atinada y adelantada a su época que fue su frase. Hoy, más que nunca, el conocimiento es poder.

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